En declaraciones al ciclo Puro Show, Amalia Granata confirmó que su hijo Roque fue diagnosticado con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y dislexia. Al relatar públicamente la situación, la diputada provincial santafesina remarcó la importancia de reconocer este tipo de condiciones en los niños para poder brindarles herramientas de aprendizaje adecuadas a su ritmo. En sus palabras, "antes no se diagnosticaba, no era tan normal. Eras el vago, el burro, el que no sabía. Hoy está diagnosticado y se le puede dar otro tipo de aprendizaje porque tienen otro ritmo".
Granta se refirió a las dificultades que enfrentan los niños con estas condiciones dentro del sistema educativo tradicional. Explicó que no se trata de un problema de capacidad intelectual, sino de una forma diferente de aprender. En ese sentido, fue clara al afirmar: "No es que ni sean ni burros ni vagos, simplemente que aprenden diferente al resto".
A través del relato la legisladora buscó visibilizar una realidad que muchas familias atraviesan en silencio, destacando la necesidad de detección temprana, acompañamiento profesional y, por sobre todo, una actitud de aceptación frente a diagnósticos que muchas veces siguen siendo malinterpretados en ámbitos escolares y sociales.
Desde los primeros años del jardín de infantes, Amalia advirtió que su hijo Roque mostraba comportamientos que escapaban a lo esperable para su edad dentro del aula. Según relató en Puro Show, "no podía quedarse quieto, era como muy revoltoso y ahí empezamos a evaluar y a ver qué pasaba". Este tipo de manifestaciones tempranas, que incluyeron problemas de concentración y una marcada inquietud física, llevaron a iniciar un proceso de evaluación profesional.
"Cuando un niño con TDAH no puede ir igual que el resto, se frustra. Y cuando un niño de seis años se frustra, lo manifiesta con agresión, con empujones, con romper hojas" relató. Este enfoque permitió explicar cómo estas conductas en realidad representan una manifestación del trastorno, y no solamente actos de desobediencia.
Según relató Granata, uno de los momentos más difíciles relatados por Amalia Granata fue el enfrentamiento con las críticas de padres de otros alumnos, quienes se quejaron por el comportamiento de Roque dentro del aula. Según expresó con evidente malestar, "no podía creer que padres se tomen la molestia de pedir una reunión con la directora para quejarse de un niño".
Estas reacciones reflejan, según el testimonio de Granata, la persistencia de prejuicios en el ámbito escolar frente a niños con conductas distintas o con diagnósticos que aún hoy no siempre son comprendidos. Frente a ese panorama, destacó el valor del reconocimiento institucional: "La directora me agradeció por haber aceptado que algo le pasaba al niño".
La funcionaria también señaló que muchas familias enfrentan situaciones similares, aunque no todas logran asumirlas de manera abierta. Según dijo, "otros chicos también presentan dificultades, pero sus padres no lo aceptan". De este modo, subrayó la necesidad de promover un cambio de actitud tanto en el entorno escolar como en el familiar, basado en el acompañamiento en lugar de la negación o la estigmatización.
El camino hacia el diagnóstico de Roque implicó un proceso de evaluación llevado adelante por una psicopedagoga y una neuróloga, según explicó Amalia. Este procedimiento permitió confirmar que el niño presentaba trastorno por déficit de atención e hiperactividad, una condición que se manifiesta en su conducta diaria y en su forma de relacionarse con el entorno escolar.
"Yo acepté que a mi hijo algo le pasa, vamos y lo tratamos", sostuvo.
"El tratamiento para Roque es de carácter permanente. "Ahora, por suerte, estamos con un tratamiento que es de por vida, porque el TDA es de por vida", indicó la legisladora, aludiendo al compromiso continuo que implica el acompañamiento de un niño con esta condición.
Si bien no detalló en qué consiste el tratamiento actual de Roque, dejó en claro que el enfoque está orientado a integrarlo con éxito en sus actividades escolares y cotidianas, reconociendo que su modo de aprender y expresarse es distinto del de otros niños, pero no por ello menos válido.